EL OTRO PRESIDENTE DEL 23 POR CIENTO

Desde sus inicios el gobierno del Dr. Illia fue cuestionado tanto en su legalidad como en su legitimidad. En efecto la proscripción del peronismo y el elevado abstencionismo hicieron que Illia accediera a la presidencia de la Nación con un 23 % de los votos. Aún hoy existen quienes, injustamente, incluyen al gobierno de Illia entre los gobiernos de facto.
Nada de lo dicho es más alejado de la realidad. La llegada de Illia al poder se da a través de elecciones convocadas al efecto y la proscripción del peronismo no es de manera alguna imputable a quienes se presentaron. De hecho el peronismo se expresó en las urnas rechazando la proscripción de su partido (y en definitiva de su líder) a través de un masivo voto en blanco. Para evaluar la legitimidad del gobierno, debemos repensar su obra:
Se levantaron todas las restricciones que pesaba sobre el peronismo permitiendo los actos públicos y su presentación a elecciones en el año 1965 ( en las se impuso después de varios años de no poder presentarse).
Se promulgó la ley el salario mínimo vital y móvil
Se renacionalizaron los contratos petroleros que eran un claro signo de entrega y cesión de los intereses nacionales.
La inversión en educación llegó al 23 % del presupuesto nacional en una acción que no reconoce antecedentes.
Se lanzó el plan nacional de alfabetización que llegó a contar con 12500 centros de alfabetización y llego a 350000 estudiantes de entre 18 y 80 años de todos el país.
Se crearon 1500 comedores escolares.
Se multiplico por diez la inversión en edificios escolares, en el 620% la inversión en equipamiento de escuelas técnicas, y se dio impulso a ala educación universitaria, egresando en el entre los años 1963 y 1966 casi 40000 solo de la UBA, cifra record para la época.
Se sancionó la ley de Medicamentos estableciendo una política de precios y control de los medicamentos y los laboratorios que los producían.
En materia económica, el gobierno de Arturo Illia tuvo una política de ordenamiento del sector público, de disminución de la deuda pública y de impulso a la industrialización. Se creó la Sindicatura de Empresas del Estado, para un control más eficaz de las empresas públicas.
La evolución del Producto Bruto Interno durante ese período fue del -2,4% para el año 1963, del 10,3% para el año 1964 y del 9,1% para el año 1965. La evolución del Producto Bruto Industrial fue del -4,1% para el año 1963, del 18,9% para el año 1964 y del 13,8% para el año 1965. La deuda externa disminuyó de 3.400 millones de dólares a 2.600 millones. El salario real horario creció entre diciembre de 1963 y diciembre de 1964 un 9,6%. La desocupación pasó de 8,8% en 1963 a 5,2% en 1966. El principal impulso vino del sector industrial contestando a aquellos que lo atraían a buenas cosechas.
Reivindico la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas logrando que en 1965 se votara en la Asamblea General de ONU la obligación de Inglaterra de iniciar negociaciones con Argentina por la situación del Archipiélago.
Otras obras de gobierno
ley de abastecimiento dirigida a la defensa del bolsillo obrero a partir del monitoreo de los artículos que conforman la canasta familiar; el derecho a cómputo para los fines jubilatorios de los períodos de actividad de aquellas personas que estuvieron impedidas por causas políticas y gremiales; fijación de montos mínimos de jubilaciones y pensiones; nuevo régimen y escalafón para empleados de las Cajas de previsión; reincorporación de los bancarios cesantes; pensión vitalicia para los premiados en ciencias y letras; implantación obligatoria de seguro de vida a tripulaciones de pesca profesional y a trabajadores rurales; condonación de deudas y anticipos en cajas de jubilaciones a sus beneficiarios; jubilación para ciegos de 45 años de edad y 20 años de antigüedad
Existen aún en la actualidad aquellos que sostienen que el de Illia fue un gobierno ilegítmo. Por nuestra parte entendemos que el término es demasiado fuerte, a la vista que dicha calificación es también acordada a gobiernos constitucionales y de facto que hicieron de la persecución política o la restricción de las libertades constitucionales, moneda corriente de gestión o de aquellos que directamente utilizaron el aparato del estado para secuestrar, torturar o matar compatriotas por causas que no encuentran justificación en la razón humana. Preferimos ver que la legitimidad de la gestión de Illia fue ex post facto. En efecto, gran parte de su obra fue reconocida con posteridad a su caída, cuando la violencia, la falta de escrúpulos, la corrupción y la entrega de los intereses nacionales volvieron a ser moneda corriente en nuestro país. La primavera que para las libertades y garantías constitucionales que representó su gobierno se vió truncada por la asociación de los poderes que siempre de manera egoísta y muchas veces interesada, ponen por delante los intereses sectoriales a los de la Nación. Los que peronistas que querían un peronismo “sin Perón”, los peronistas que daban la vida por la vuelta inmediata de Perón ( con finalidades variables según el grupo), los socialistas y comunistas que pretendían un peronismo sin peronistas, lo militares que querían ser los nuevos De Gaulle, los ingenieros que siempre querían ser ministros de economía, los radicales que pretendían ganar fuera del partido (y a veces en los cuarteles) las internas que perdían en las urnas, los laboratorios que no que no querían decir con que nos curaban ni cuanto salía la cura, los magnates del petróleo que deseaban el sostenimiento de la libertad contractual y la autonomía de la voluntad bajo el peso de cláusulas leoninas que perjudicaban el patrimonio de la contraparte y los medios de comunicación tan permeables a poner apodos como a difundir ideas que por representar tan cabalmente a algunos grupos de poder se alejan del común del pueblo fueron algunos de los sectores que se conjugaron el la caída de un gobierno que la posteridad reconocerá como honesto y responsable.
Es justo que pensemos cada tanto repensemos nuestra historia y le demos a Illia el lugar que merece. No solo por su obra de gobierno. Sino porque en su devenir podemos identificar a los que se opusieron al progreso del país.
A 40 años de este lamentable hecho, cuando el gobierno nacional negocia la quita de deuda externa no honra sus compromisos, cuando fomenta los controles de precios interviene ilegítimamente los mercados, cuando reivindica la soberanía sobre Malvinas y denuncia a los asesinos de nuestro pasado tiene regresiones setentistas, cuando la economía florece y el empleo crece es gracias al campo, cuando se vuelven a sancionar leyes favorables al trabajador y se firman nuevos convenios colectivos, se aumentan los costos laborales, cuando se sancionan las leyes de medicamentos genéricos y se equipan laboratorios públicos, se realiza competencia desleal a los laboratorios que ayer no quería ser controlados.
Sin dudas existen hoy cosas que guardan similitudes de cuarenta años atrás. Incluso aún resuenan voces que declaran ser los “verdaderos peronistas de Péron”, Socialistas que quieren peronismos sin peronistas o radicalismo sin radicales o buscando una estructura que puedan usar como los “aparatos” que siempre criticaron, militares que pretenden reivindicaciones por sus aportes al crecimiento del país (especialmente de la deuda externa), radicales que buscan revancha de las elecciones perdidas sin cuestionarse ni su presente ni su futuro.
No es nuestra intención forzar un paralelismo entre Kirchner e Illia. Pero nos hemos permitido la libertad de comparar nuestro presente con nuestro pasado. Hay quienes aún conservan la esperanza de que Argentina pueda ser un país distinto y están quienes se esfuerzan por demostrar que todo lo que hoy esta bien mañana estará mal. Es por eso que la mejor forma de identificar al que se opone al crecimiento de la Nación es haciendo hincapié en su necedad para ver los progresos cuando los mismos son evidentes. El derrocamiento de Illia fue para muchos curarse en salud antes del “desbande”. Hoy vemos como el remedio fue peor que la enfermedad. Se aproximan tiempos de campañas y definiciones. Ya escuchamos a quienes nos dicen que el modelo es insostenible y que debemos cambiar antes de la “explosión”. Que la soja no nos dará de comer siempre y que no existe un proyecto de crecimiento para el País solo variables de crecimiento aisladas. Es decir que crecemos porque sí. Nada es realidad o en el mejor de los casos todo es casualidad.
La historia nos puede ayudar a leer el presente. Las revoluciones encaradas por los “iluminados” (la libertadora, la argentina y la productiva) han sido retrocesos institucionales por los cuales hemos padecido como pueblo dolor y privaciones. Es por eso que ante los discursos o análisis debemos anteponer los hechos y las obras, recordando siempre los sectores y actores que son responsables de nuestras crisis.
Sirva este recuerdo de humilde homenaje a un Presidente honesto, probo y que dejo un ejemplo en la gestión del país. Sirva este recuerdo para ahuyentar viejos fantasmas que siempre aparecen cambiando “tortugas” por “pingüinos” o “chirolitas”. Y sirva este recuerdo para pensar que si el camino elegido nos muestra resultados positivos para el país, lejos de ser timoratos o tener dudas, lo que tenemos que hacer es caminar cada vez con paso más firme.







